jueves, octubre 08, 2009

LIBROS: LA CARIDAD EN LA VERDAD de Benedicto VI

http://www.deugarte.com/



El objetivo de este post es hacer un resumen asequible de los fundamentos de la encíclica Caritas in veritate. En ella se tratan y basan desde una perspectiva teológica católica muchos temas que nos son queridos: desde la búsqueda de una lógica de la abundancia, que subyace en cosas tan cotidianas como el software libre, a la redefinición comunitaria de la empresa. Se establece por tanto un terreno de debate y reflexión que no podría ser más interesante.

Mi intención es que el lector no católico pueda disfrutar de la argumentación reconociendo los temas principales tras su construcción teológica. Por ello me centraré, a diferencia de lo que ha hecho la prensa en estos días, no en las recetas concretas, sino en los aspectos teoricos más generales y universales, sin entrar tampoco excesivamente en la lógica teológica interna.
Todas las citas pertenecen a la encíclica en su versión oficial en español.

El marco de la encíclica

Marco teológico, Teología de la Comunión


Como reseñaba Michael Novak en un reciente debate, el sustento filosófico de esta enclíclica está en la Teología de la Comunión que impulsó el hoy Papa junto a otros teólogos católicos tras el Concilio Vaticano II.
La base de esta Teología reside el concepto de Trinidad. Dios mismo, siendo tres personas, no es solamente un logos, una verdad estática, sino una interacción, una comunión entre razón, principios y práctica que es el modelo de lo que debería ser la vida de cada católico y de la Iglesia como un todo.
Puesto que está llena de verdad, la caridad puede ser comprendida por el hombre en toda su riqueza de valores, compartida y comunicada. En efecto, la verdad es «lógos» que crea «diá-logos» y, por tanto, comunicación y comunión. La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas.
Poniendo el énfasis en esta comunión, el Papa señala la necesidad de proyecto y criterio para emprender cualquier transformación social, en lo que es una seria crítica al discurso social de la compasión y el oenegismo recuerda a los católicos que:
Un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales. De este modo, en el mundo no habría un verdadero y propio lugar para Dios.

Pero lo que busca el Papa no es tampoco una serie de experiencias prácticas si esas prácticas no sirven a la construcción de un proyecto universalista. El Papa nos recuerda su crítica monoteista a la postmodernidad:
Sin la verdad, la caridad es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado. Queda excluida de los proyectos y procesos para construir un desarrollo humano de alcance universal, en el diálogo entre saberes y operatividad.




Un objetivo para la organización económica: crear abundancia desde la comunidad

Caridad en este texto no tiene el sentido habitual de limosna, sino su sentido original de amor práctico, de empatía. Expanden la gracia, todas esas cosas que nos envuelven y hacen posible la vida y el goce sin mermar a los demás ni suponer sacrificio. La gracia se manifiesta pues como lógica de la abundancia, sus concreciones serían aquellas que como el software libre amplían ese espectro de herramientas a disposición de cada cual y al servicio de todos.


La caridad es amor recibido y ofrecido. Es «gracia» (cháris). (…) Los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad.
El testimonio de verdad que ordena el proyecto transformador tiene que partir, según la Encíclica, de la extensión de esta gracia, de esta abundancia, de un modo tan material como concreto y al mismo tiempo universal:

La «ciudad del hombre» no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión.

Es esta concreción en el cada uno lo que permite dotar de un sentido universal a lo político sin caer en la trampa de los imaginarios -raza, nación, clase, etc.- y sus chovinismos. La clave: una concepción de la comunidad como comunidad real.

Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese «todos nosotros», formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. No es un bien que se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social, y que sólo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo más eficaz.

En el límite, es esa supeditación de lo económico a la comunidad real lo que permite construir una Ciudad del Hombre cada vez más cercana a la Ciudad de Dios, es esa acción sobre lo concreto lo que acerca a un espacio huumano sin fronteras, barreras, ni escasez artificial.

La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana. En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras.
Los riesgos de la situación actual

En este marco el riesgo global principal es, según la encíclica, que mientras las relaciones sociales se globalizan, no emerja paralelamente una conciencia global capaz de dar sentido al nuevo mundo interdependiente.

El riesgo de nuestro tiempo es que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponda con la interacción ética de la conciencia y el intelecto, de la que pueda resultar un desarrollo realmente humano.

Porque no el mero desarrollo técnico o los cambios económicos por si mismos no generarán abundancia si no existe un proyecto humano, ético, que informe la transformación de ese gran metabolismo común en el que se ha convertido la economía global.

El compartir los bienes y recursos, de lo que proviene el auténtico desarrollo, no se asegura sólo con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor que vence al mal con el bien (cf. Rm 12,21) y abre la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad.

Y la verdad es que leyendo esto, uno no puede dejar de pensar en cómo los mismos desarrollos que son potencialmente liberadores, se convierten desde el poder en extracción, empobrecimiento y generación artificial de escasez.



El mapa ideológico de referencias y antagonismos

Tras reafirmar la unidad doctrinal del conjunto de la doctrina social de la Iglesia, el Papa vuelve a Pablo VI para retomar el último punto de la Introducción y plantear como simétricos decrecionismo y el peremne jaleo de cualquier novedad tecnológica que evita juzgar sus consecuencias sociales. Dos extremos que comparten sin pudor los media cotidianamente.

Pablo VI ya puso en guardia sobre la ideología tecnocrática, hoy particularmente arraigada, consciente del gran riesgo de confiar todo el proceso del desarrollo sólo a la técnica, porque de este modo quedaría sin orientación. En sí misma considerada, la técnica es ambivalente. Si de un lado hay actualmente quien es propenso a confiar completamente a ella el proceso de desarrollo, de otro, se advierte el surgir de ideologías que niegan in toto la utilidad misma del desarrollo, considerándolo radicalmente antihumano y que sólo comporta degradación. Así, se acaba a veces por condenar, no sólo el modo erróneo e injusto en que los hombres orientan el progreso, sino también los descubrimientos científicos mismos que, por el contrario, son una oportunidad de crecimiento para todos si se usan bien. La idea de un mundo sin desarrollo expresa desconfianza en el hombre y en Dios.

Sigue también a Pablo VI cuando define el desarrollo como vocación y por tanto enmarcándolo de forma que las ideologías totalitarias que se legitiman sobre él quedan fuera de la aceptabilidad para los cristianos, puesto que vocación implica en primer lugar libertad.

Sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; sólo en un régimen de libertad responsable se puede crecer de manera adecuada.

no sólo libertad, sino verdad, conocimiento, algo que como es constante ya recordar en los mensajes de Benito XVI sólo puede desarrollarse en comunidad y por tanto como un proyecto integral, que renuncia a fabricar especialistas como panacea:


La vocación cristiana al desarrollo ayuda a buscar la promoción de todos los hombres y de todo el hombre. Pablo VI escribe: «Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera».

Y es precisamente del diálogo entre libertad y verdad de donde surge, según el Papa, la necesidad de la caridad, una forma de vivir y pensar que sólo puede existir desde la fraternidad comunitaria:

El subdesarrollo tiene una causa más importante aún que la falta de pensamiento: es «la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos». Esta fraternidad, ¿podrán lograrla alguna vez los hombres por sí solos? La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad.




El desarrollo pŕactico de la encíclica

Aunque esta parte ha sido en la que se han centrado los medios y el debate público en las pasadas semanas, creo que más allá de las propuestas concretas, lo interesante es remarcar como el Papa plantea la necesidad de repensar el sistema económico, no necesariamente cuestionando el beneficio o la idea de beneficio, sino, en realidad, su uso para justificar la generación artificial de escasez:

La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza.

Entre los ejemplos, destacaré uno que entenderán especialmente mis lectores:
Hay formas excesivas de protección de los conocimientos por parte de los países ricos, a través de un empleo demasiado rígido del derecho a la propiedad intelectual, especialmente en el campo sanitario.

No me recataré tampoco en destacar cómo se acerca a las finanzas desde una mirada no muy alejada de las propuestas emergentes en la red en estos meses y que viene a preguntarse para qué queremos bancos que no sean confiables, transparentes y soialmente útiles:

Los agentes financieros han de redescubrir el fundamento ético de su actividad para no abusar de aquellos instrumentos sofisticados con los que se podría traicionar a los ahorradores. Recta intención, transparencia y búsqueda de los buenos resultados son compatibles y nunca se deben separar. Si el amor es inteligente, sabe encontrar también los modos de actuar según una conveniencia previsible y justa, como muestran de manera significativa muchas experiencias en el campo del crédito cooperativo.

Tanto una regulación del sector capaz de salvaguardar a los sujetos más débiles e impedir escandalosas especulaciones, como la experimentación de nuevas formas de finanzas destinadas a favorecer proyectos de desarrollo, son experiencias positivas que se han de profundizar y alentar, reclamando la propia responsabilidad del ahorrador. También la experiencia de la microfinanciación, que hunde sus raíces en la reflexión y en la actuación de los humanistas civiles —pienso sobre todo en el origen de los Montes de Piedad—, ha de ser reforzada y actualizada, sobre todo en estos momentos en que los problemas financieros pueden resultar dramáticos para los sectores más vulnerables de la población.

Actuar y construir

Uno de los mensajes centrales de esta encíclica es que la tecnología genera un terreno social nuevo, pero no le da un sentido. El sentido sólo puede ser fruto del conocimiento y la acción:
El desarrollo tecnológico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar. Por eso, la técnica tiene un rostro ambiguo.

La clave del desarrollo está en una inteligencia capaz de entender la técnica y de captar el significado plenamente humano del quehacer del hombre, según el horizonte de sentido de la persona considerada en la globalidad de su ser.

Esto se aplicaría incluso para la blogsfera, Internet y el desarrollo de la comunicación social:
El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos.

El Papa acaba pues llamando a los católicos a la acción. Acción de dar sentido, de generar significado y de crear comunidad, cosa que remarca la cita paulina de cierre y el hecho de que esperase para firmarlo al 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo:

Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo

CINE: KATYN

www.aceprensa.com
Fecha: 23 Septiembre 2009
Director: Andrzej Wajda
Guión: Andrzej Mularczyk, Wladyslaw Pasikowski, Andrzej Wajda.
Intérpretes: Artur Zmijewski, Maja Ostaszewska, Andrzej Chyra, Danuta Stenka, Jan Englert.

118 min.
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Acercamiento a la matanza de 22.000 oficiales polacos en Katyn en 1940, de los que fue responsable la Unión Soviética. El veterano Andrzej Wajda, que trató el tema de la guerra en Kanal o El bosque de los abedules, se involucra de manera personal: su padre fue uno de los oficiales asesinados, y detalles como el aspirante a estudiar Bellas Artes son autobiográficos. Contribuye así a recuperar la memoria histórica del suceso, del que Stalin trató de ocultar, inútilmente, la responsabilidad soviética, atribuyéndola a los nazis.

La película, que fue candidata al Oscar, tiene muchas virtudes. La primera, narrar los hechos esenciales, contando a la vez, con talento, el drama personal de varios personajes, sin revanchismos, y con acertada presencia del punto de vista femenino. El destino de un oficial, al que su esposa, apelando al futuro de su hija y de ella, pide que abandone el campo donde está preso, sirve de puntada para ver el sufrimiento de los otros oficiales y sus familias; y para revelar el destino fatal de los intelectuales polacos.

Con el artificio del diario del oficial, y de las acciones de otros personajes –la esposa de un general, la hermana de un piloto...–, se construye el apasionante cuadro, vivísimo pero muy duro, sobre todo en las ejecuciones, ese no conceder valor alguno a la vida humana. Se pintan con trazos seguros los remordimientos del superviviente que acepta el nuevo orden comunista, o la llegada de, oh paradoja, los “nuevos ricos”. Y no faltan los reproches amargos, incluso dentro del seno familiar de las víctimas. A veces parece que se carga un poco las tintas, quizá por no hacer concesiones a un sentimentalismo fácil. Aun así, impregna la oscura trama la esperanza que para los polacos supone su fe católica, lo que permite vislumbrar un poco de luz en un cuadro terrible.

El film, de conjuntado reparto, ofrece una maravillosa reconstrucción de la época, con muchas escenas rodadas en los lugares reales de Cracovia donde sucedieron. Fotografía, música, dirección artística, exquisitas, se ponen al servicio de una trama de intenso dramatismo, que atrapa las emociones de uno de los muchos capítulos negros de la historia reciente de la humanidad.
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sábado, setiembre 26, 2009

APRENDER A PERDONAR ( I )

Jutta Burggraf (Diálogos Almudí, 2004)

Todos hemos sufrido alguna vez injusticias y humillaciones; algunos tienen que soportar diariamente torturas, no sólo en una cárcel, sino también en un puesto de trabajo o en el entorno familiar. Es cierto que nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. "El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares," dicen los árabes.

¿Cómo reaccionamos ante un mal que alguien nos ha ocasionado con cierta intencionalidad? Normalmente, desearíamos espontáneamente pegar a los que nos han pegado, o hablar mal de los que han hablado mal de nosotros. Pero esta actuación es como un bumerán: nos daña a nosotros mismos. Es una pena gastar las energías en enfados, recelos, rencores o desesperación; y quizá es más triste aún cuando una persona se endurece para no sufrir más.
Sólo en el perdón brota nueva vida. Por esto es tan importante educar en el "arte" de practicarlo.
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I. ¿Qué quiere decir "perdonar"?


¿Qué es el perdón? ¿Qué hago cuando digo a una persona: "Te perdono"? Es evidente que reacciono ante un mal que alguien me ha hecho; actúo, además, con libertad; no olvido simplemente la injusticia, sino que renuncio a la venganza y quiero, a pesar de todo, lo mejor para el otro. Vamos a considerar estos diversos elementos con más
detenimiento.

1. Reaccionar ante un mal
En primer lugar, ha de tratarse realmente de un mal para el conjunto de mi vida. Si un cirujano me quita un brazo que está peligrosamente infectado, puedo sentir dolor y tristeza, incluso puedo montar en cólera contra el médico. Pero no tengo que perdonarle nada, porque me ha hecho un gran bien: me ha salvado la vida. Situaciones semejantes pueden darse en la educación. No todo lo que parece mal a un niño es nocivo para él.

Los buenos padres no conceden a sus hijos todos los caprichos que ellos piden; los forman en la fortaleza. Una maestra me dijo en una ocasión: "No me importa lo que mis alumnos piensan hoy sobre mí. Lo importante es lo que piensen dentro de veinte años."

El perdón sólo tiene sentido, cuando alguien ha recibido un daño objetivo de otro. Por otro lado, perdonar no consiste, de ninguna manera, en no querer ver este daño, en colorearlo o disimularlo. Algunos pasan de largo las injurias con las que les tratan sus colegas o sus cónyuges, porque intentan eludir todo conflicto; buscan la paz a cualquier precio y pretenden vivir continuamente en un ambiente armonioso. Parece que todo les diera lo mismo. "No importa" si los otros no les dicen la verdad; "no importa" cuando los utilizan como meros objetos para conseguir unos fines egoístas; "no importan" tampoco el fraude o el adulterio. Esta actitud es peligrosa, porque puede llevar a una completa ceguera ante los valores. La indignación e incluso la ira son reacciones normales y hasta necesarias en ciertas situaciones. Quien perdona, no cierra los ojos ante el mal; no niega que existe objetivamente una injusticia. Si lo negara, no tendría nada que perdonar(1).

Si uno se acostumbra a callarlo todo, tal vez pueda gozar durante un tiempo de una aparente paz; pero pagará finalmente un precio muy alto por ella, pues renuncia a la libertad de ser él mismo. Esconde y sepulta sus frustraciones en lo más profundo de su corazón, detrás de una muralla gruesa, que levanta para protegerse. Y ni siquiera se da cuenta de su falta de autenticidad. Es normal que una injusticia nos duela y deje una herida. Si no queremos verla, no podemos sanarla.

Entonces estamos permanentemente huyendo de la propia intimidad (es decir, de nosotros mismos); y el dolor nos carcome lenta e irremediablemente. Algunos realizan un viaje alrededor del mundo, otros se mudan de ciudad. Pero no pueden huir del sufrimiento. Todo dolor negado retorna por la puerta trasera, permanece largo tiempo como una experiencia traumática y puede ser la causa de heridas perdurables. Un dolor oculto puede conducir, en ciertos casos, a que una persona se vuelva agria, obsesiva, medrosa, nerviosa o insensible, o que rechace la amistad, o que tenga pesadillas. Sin que uno lo quiera, tarde o temprano, reaparecen los recuerdos. Al final, muchos se dan cuenta de que tal vez, habría sido mejor, hacer frente directa y conscientemente a la experiencia del dolor. Afrontar un sufrimiento de manera adecuada es la clave para conseguir la paz interior.

jueves, julio 23, 2009

FELICES FIESTAS PATRIAS!

PORQUE SOMOS LO MÁXIMO!




Y NUESTRA COMIDA TAMBIÉN!

CINE: HANNAH MONTANA THE MOVIE




Agradable comedia musical en la que, después de varios desaciertos en su comportamiento, la adolescente Miley Stewart (Miley Cyrus), famosa cantante pop conocida en el mundo de la música como Hannah Montana, es obligada por su padre (Billy Ray Cyrus) a tomar unas vacaciones con su familia para que tenga la oportunidad de revalorar sus prioridades. Este descanso es en el rancho donde creció Miley y donde vive su abuela Ruby (Margo Martindale) y demás familiares y amigos. Allí encontrará también a Travis (Lucas Till) un compañero de juegos de la infancia convertido ahora en un joven atractivo y varonil, y tendrá que vérselas con un paparazzi (Peter Gunn) que tiene como objetivo descubrir “su secreto”.


Igual que en el programa de TV, la acompañan en esta aventura su hermano Jackson (Jason Earles) y su mejor amiga Lilly (Emily Osment). El director hace un buen trabajo al trasladar la serie de TV a la pantalla grande con mensajes sobre el valor de la amistad, de la humildad, de la sencillez, de la cooperación comunitaria y sobre todo la primacía de la familia ante el éxito profesional. La banda sonora es excelente y las interpretaciones de Miley Cyrus son disfrutables para toda la familia.


Título Original: Hannah Montana the Movie
Director: Peter Chelsom
Intérpretes: Miley Cyrus, Billy Ray Cyrus, Margo Martindale, Lucas Till, Peter Gunn
Año: 2009, Disney
Género: Comedia musicalContenidos Específicos: Mensajes positivos, sobre humildad, cooperación e importancia de la familia.
Clasificación MPAA*: G Público General
*MPAA: The Motion Picture Association of America

DR. JOSÉ AGUSTÍN DE LA PUENTE: Visión que reafirma el sentido de peruanidad

De: http://www.sociedadamantesdelpais.com/

Si conversar con el doctor José Agustín de la Puente y Candamo siempre es un honor, el oírlo hablar de lo que realmente significa ser peruano y de la riqueza de esta herencia que recibimos de dos grandes culturas, como son la española y la indígena, nos llena de verdadero orgullo y nos hace sentir la necesidad de aportar más para fortalecer nuestra identidad nacional.

Precisamente ese es el objetivo que motiva a quienes formamos hoy la Sociedad Amantes del País, que ha renacido sobre la misma base de postulados que enarbolaba la sociedad del siglo XVIII, de aquellos que buscaban conocer y hacer conocer al Perú así como sembrar valores en la sociedad para que resulte una cosecha de buenos ciudadanos, y por ende un país mejor.



Para el reconocido historiador y abogado, hoy en día cobra gran vigencia la formación de la Sociedad Amantes del País debido a la enorme tarea que existe por delante para crear conciencia sobre lo que realmente es el Perú. Y es que a través del tiempo los peruanos hemos crecido creyendo que nuestra nación es solo el mundo andino o solo el mundo español. “Lo importante es ver cómo se ha formado el Perú con el transcurrir de los años y de la vida cotidiana. Hubo muertos e injusticias en el virreinato, pero de allí nacimos. Venimos de una historia difícil, no de leyenda de oro.

Lamentablemente, los peruanos a veces queremos aceptar solo lo bueno y bonito de la historia”, advierte el Dr. De la Puente. Sin duda, tal como lo señala, para empezar a crear una verdadera identidad nacional tenemos que aceptarnos en principio como herederos de una cultura que fue producto del mestizaje. “El mestizaje fue difícil por la riqueza de ambas culturas o civilizaciones.

La hispánica y la andina eran milenarias. No se trató del encuentro entre hombres primitivos; fue muy difícil, pero tuvo el don de crear nuestra propia cultura”, agrega. Al escuchar las palabras de este reconocido intelectual sobre lo que significa que seamos peruanos, comprenderemos, en la medida que interioricemos en nuestra conciencia patriótica –con sus buenos y malos pasajes a través de nuestra historia- que ni los españoles ni los indígenas fueron excluyentemente malos o buenos, victimarios o víctimas y podremos comenzar a sentirnos realmente hermanos los costeños, los serranos y los selváticos, pues todos conformamos esta gran nación. Y es esa visión de unidad la que puede cambiar el lente con el que hasta ahora vemos el acontecer en nuestro país.

Tal como afirma don José Agustín, nuestra autocrítica permanente y nuestra vocación por el ‘autogol’ nos destruye y genera un sentimiento de desesperanza, cuando realmente necesitamos ver las cosas desde una óptica más positiva. La Sociedad Amantes del Paísy el Mercurio Peruano

Al recordar lo que significó el surgimiento de la Sociedad Amantes del País en el siglo XVIII, por iniciativa de importantes pensadores que vivían y experimentaban aquella experiencia de ser peruanos, el Dr. De la Puente recalca que esta ebullición del pensamiento ilustrado cristiano buscó mostrar al mundo entero, a través del Mercurio Peruano, lo que significaba haber nacido en el Perú ya que las vivencias estaban ligadas al ambiente, la tradición y la historia de la naciente nación. “Yo siempre he pensado que el Mercurio Peruano bien podría llamarse “enciclopedia de las cosas peruanas” porque sus artículos están dedicados a tratar todas las caras del Perú.

Se trata de un periódico que no pudo haberse publicado 200 años antes simplemente porque no existía la vivencia”, comenta, y agrega: “El Mercurio no sale por casualidad, nace porque hay un ambiente de gente que se siente peruana y que quiere explicar errores que se ciernen en el extranjero sobre nosotros, los peruanos”.

Tatiana Coello Pohl Más de Don José Agustín de la Puente Candamo http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-04-29/el-caballero-historia.htmlhttp://academiaperuanadelalengua.org/academicos/jose-agustin-de-la-puente

LIBROS Y TIEMPO DE DESCANSO: ¿a quién pedir recomendación y qué cosas tomar en cuenta?

De: www.conoze.com
Por RP Jorge Enrique Mujica LC
A medio mundo le ha pasado que en su afán de conocimiento y sed de lectura ha acudido a otras personas tratando de encontrar el libro que necesita. Otras veces, quizá más de alguno se ha auto investido en perito del mundo editorial y se ha dado a la tarea de prescribir tal o cual lectura al que se acercó pidiéndolo.

Consta que el amor de los libros es el amor de la sabiduría. Pero también consta que no todo libro es amable ni mucho menos que toda lectura, por el hecho de serla, redunde en provecho del que la hace.
El mundo de la lectura también tiene sus mecanismos. Quien desea aprovecharla y sacarle beneficio debe ser consciente de que hay que acercarse con la humildad del que sabe que no sabe y que, sin embargo, por ese mismo hecho, ya tiene buen trecho andado. Aprovechar y disfrutar una lectura presupone una justa elección. En la elección radica el futuro como lectores avispados o como absentistas literarios.

A la hora de pedir u ofrecer recomendación sobre lecturas, se debe tener en cuenta una serie de pautas que, poco a poco, se pueden hacer hábito y ahorrar decepciones, desencantos o el rechazo a este medio por el que se comunica el saber, se alcanza el descanso o se edifica la vida.
El que pide la recomendación

A. A quién se pide la recomendación
No es discriminación hacer una buena elección. Hay que apelar a quien conoce. Al momento de pedir una recomendación no basta la buena intención y humildad de la pregunta.

Es un hecho: no todos están capacitados para recomendar un libro. Recomendar implica no sólo la buena voluntad de hacerlo cuanto un bagaje de lecturas fruto de un hábito adquirido durante años, acrisolado por la riqueza de la experiencia. Por tanto habría que considerar a quién se acude para pedir consejo so riesgo de llevarse una decepción.

En buena medida, una óptima recomendación también depende mucho del solicitante. Éste debería ofrecer pautas de orientación que ayuden al que recomienda a dar lo que busca. Dos coordenadas importantes son ¿qué se quiere leer y para qué se quiere leer?

Saber qué se quiere leer implica un mínimo de nociones literarias; distinguir entre los diferentes géneros (cuento, novela, ensayo, poesía, artículo, autobiografía, etc.). Tener claro para qué se quiere leer es cobrar conciencia de que hay diferentes modo de comunicar la sabiduría. No es lo mismo comunicarla de una forma novelada y con palabras fáciles de comprender que ayudan al descanso que de un modo más elaborado que acusa poner una mayor concentración. Una lectura puede ayudar a profundizar en un tema de interés de maneras diversas: haciendo descansar o fomentando el meter todo nuestro ser en el estudio de determinado argumento.

B. Quien da la recomendación
La experiencia hace la diferencia. Así como no es lo mismo que un catador recomiende tal cosecha vinícola o vino, tampoco es lo mismo que un experimentado sibarita lo haga de tal casa editorial o título de obra.

Un avezado lector sabrá recomendar mucho mejor que uno novel. Y es que aquél posee un bagaje de géneros literarios y un discernimiento crítico de autores, argumentos, casas editoriales, ideologías, etc. Pero posiblemente lo más rico de una experiencia como la de los lectores consumados sea su apertura a todo tipo de literatura, la ponderación, equilibrio y mesura de sus juicios y su deseo por seguir creciendo como lectores. Ya lo decía san Jerónimo: Crebrius lege, disce quam plurima (Lee con bastante frecuencia, aprende lo que más puedas; cf. Epist 22, 17).

Ciertamente el que recomienda un libro debe ser muy consciente de que sus gustos no son los del que pide la recomendación. Es un dato de experiencia: lo que nos gusta no siempre es lo que le gusta a los demás.

Para hacer una atinada recomendación es de desear:

B.1 Conocer el temperamento, personalidad y carácter del que la pide.
No es lo mismo recomendar un libro a un temperamento apasionado que a un amorfo, como tampoco lo es hacerlo para un sentimental que para un flemático. Las predisposiciones e inclinaciones temperamentales son diferentes, la personalidad les matiza un interés particular hacia determinados temas y el carácter les ayuda diversamente a perseverar en la lectura de lo recomendado. Aquí se presupone el conocimiento de los temperamentos.
B.2 Las coordenadas para la orientación del que recomienda.

Cada vez que se pide recomendación de un libro debería seguirse un para qué que oriente en la recomendación. El motor que nos lleva a leer puede ser distinto: unos buscan saciar una duda puntual, otros profundizar en determinado argumento, algunos más pasar un rato agradable y otros tantos descansar, investigar, estudiar, cumplir una tarea escolar, curiosidad, etc.

Un libro de historia no es lo mismo que uno de economía como tampoco es lo mismo una novela histórica que la historia de la economía. Por tanto, mientras más al detalle vayamos, más nítido y agradable será el encuentro libro-hombre.

Por último, el que recomienda una lectura debe saber qué tanto sabe el otro del argumento que está pidiendo consulta. No es lo mejor dar la bibliografía de una excelente obra cuando probablemente el que la recibe no tiene idea de lo que va a leer. Pensemos, por ejemplo, en un tema de historia: digamos —por mentar algo— la constitución del Estado de Israel. Si antes no se tiene un contexto general que ayude a ubicar el pasaje particular, será menos comprensible e incluso desagradable posar los ojos por nombres, fechas y hechos que no suenan a nada. En ese caso es mejor ofrecer primero un libro de historia universal que sepa ubicar al lector en el meollo de lo que podrá aprovechar luego y comprender mejor.

Hay muchos que son amantes de los libros, los leen y tienen bibliotecas completísimas de ellos. Otros más sólo tienen las bibliotecas y viven en el agobio de no poder dejar reposadamente sus ojos en ellos. Aquí convendría aplicar aquella máxima que no debe desanimarnos: si no puedes leer todo lo que tienes, basta que tengas cuanto puedes leer.

La lectura es la comida del hombre abierto a la erudición. Quien pide recomendaciones de libros denota su disposición a acercarse a esa erudición a la que naturalmente tendemos. Con lo hasta aquí expuesto de forma sumaria bien se puede hacer una idea de qué es necesario procurar y qué evitar al momento de pedir ayuda a la persona adecuada. Sí, en buena medida, un pedir recomendación es como una confesión y un ofrecerla como una absolución.
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Lecturas por internet
Hay diferentes portales que ofrecen una amplia gama de títulos, ya de forma gratuita, ya de adquisición a través de una compra (con el oportuno envío de la copia impresa a domicilio).
Antonio González, numerario del Opus Dei, impulsa portales como http://dudasytextos.com/ y http://relibros.org/, desde donde es posible descargar una buena cantidad de libros de actualidad e interés de forma gratuita.

Otros portales ofrecen la posibilidad de compra. Partimos de la número uno de las editoriales católicas: la Librería Editorial Vaticana
(http://www.vatican.va/roman_curia/institutions_connected/lev/index_it.htm).
Es la más completa no sólo por ser la editorial oficial del Vaticano sino por el número de obras anuales que edita, la altura y profesionalidad de los autores, la calidad de los contenidos, lo óptimo del material, la diversidad de idiomas y el impacto que tiene a nivel mundial a través de las alianzas que realiza para la redistribución de cada libro. La página de inicio está en italiano y sólo ofrece la posibilidad de acceder a una parte en inglés. No obstante, hay numerosos títulos en español. Además edita pósters artísticos, calendarios y cuadernos.

Son numerosas las editoriales católicas nacidas con el fin de impulsar la fe. Tras la Librería Editorial Vaticana quizá la más importante sea la BAC (Biblioteca de autores cristianos: http://www.bac-editorial.com%20%20/). Al entrar al portal encontramos cinco pestañas en la parte superior (BAC, catálogo, novedades, compra, contacta con nosotros) y seis a la izquierda (noticias, buscador, distribuidores, descargas, enlaces y actualización) que facilitan enormemente la navegación. La BAC está especializada en temas y estilos como ensayos, documentos pontificios, espiritualidad, enciclopedias y santorales.
Otras excelentes editoriales son la Editorial Universidad de Navarra
(http://es.catholic.net/jorgemujica/www.eunsa.es) que ha redoblado publicaciones en campos como la filosofía y la teología; la Editorial Mandruvá (http://es.catholic.net/jorgemujica/%20www.hottopos.com) especializada en publicaciones de humanidades; la fundación Gratisdate (http://es.catholic.net/jorgemujica/%20%20www.gratisdate.org) quien produce obras católicas, las vende en España y las dona en Hispanoamérica; Ediciones Encuentro (http://www.ediciones-encuentro.es/), especializada en arte, literatura, historia, teología, filosofía, economía y política; Ediciones Rialp (http://es.catholic.net/jorgemujica/%20www.rialp.com) con gran variedad de títulos; Ediciones Palabra (http://www.edicionespalabra.es/ ) enfocada a la publicación de libros y revistas sobre formación humana y espiritual; Ediciones Paulinas
(http://www.esferalibros.com/) ; Criteria club de lectores (http://www.criteriaclub.com/) con muchas obras sobre actualidad, ensayos, literatura, religión, educación, infantil, juvenil, ocio; Sígueme (http://www.sigueme.es/), especializada en temas bíblicos, teológicos, de espiritualidad y humanidades; Misión Multimedia (http://www.misionmultimedia.com/) que recoge gran cantidad de recursos desde materiales audiovisuales hasta bibliográficos de gran calidad y Styria, quien se va colocando en el gusto del público por la calidad y profesionalidad de sus libros (http://www.styria.es/).

REFLEXIÓN: UNA EXPERIENCIA EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN


Por Alfonso Aguiló

Sus padres, un hermano y su mujer habían muerto en las cámaras de gas. Él mismo había sido torturado y sometido a innumerables humillaciones. Durante meses, nunca pudo estar seguro de si al momento siguiente lo llevarían también a la cámara de gas, o se quedaría de nuevo entre los que se salvaban, o sea, entre aquellos que luego tenían que llevar los cuerpos a los hornos crematorios, y retirar después sus cenizas.


Víctor Frankl había nacido en Viena pero era de origen judío, y eso precisamente le había conducido hasta aquellos campos de concentración nazis de la Segunda Guerra Mundial. Allí experimentó en su propia carne la dura realidad de una tragedia que asombró y asombra aún al mundo entero. Fue testigo y víctima de un gigantesco desprecio por el hombre, de todo un cúmulo de vejaciones y hechos repugnantes que, por su dimensión y su crueldad, constituyeron una dolorosa novedad en la historia.


Frankl era un psiquiatra joven, formado en la tradición de la escuela freudiana, y fiel a sus principios, era determinista de convicción. Pensaba que aquello que nos sucede de niños marca nuestro carácter y nuestra personalidad, de tal manera que nuestro modo de entender las cosas y de reaccionar ante ellas queda ya esencialmente fijado para el futuro, sin que podamos hacer mucho por cambiarlo.


Sin embargo, aquel día, estando desnudo y solo en una pequeña habitación, Frankl empezó a tomar conciencia de lo que denominó la libertad última, un reducto de su libertad que jamás podrían quitarle. Sus vigilantes podían controlar todo en torno a él. Podían hacer lo que quisieran con su cuerpo. Podían incluso quitarle la vida. Pero su identidad básica quedaría siempre a salvo, sólo a merced de él mismo.


Comprendió entonces con una nueva luz que él era un ser autoconsciente, capaz de observar su propia vida, capaz de decidir en qué modo podía afectarle todo aquello. Entre lo que estaba sucediendo y lo que él hiciera, entre los estímulos y su respuesta, estaba por medio su libertad, su poder para cambiar esa respuesta.


Fruto de estos pensamientos, Frankl se esforzó por ejercitar esa parcela suya de libertad interior que, aunque sometida a tantas tensiones, era decisivo mantener intacta. Sus carceleros tenían una mayor libertad exterior, tenían más opciones entre las que elegir. Pero él podía tener más libertad interior, más poder interno para decidir acertadamente entre las pocas opciones que se presentaban a su elección.


Como ha comentado Stephen Covey, fue precisamente esa actitud mental lo que permitió a Frankl encontrar fuerzas para permanecer fiel a sí mismo. Y se convirtió así en un ejemplo para quienes le rodeaban, incluso para algunos de los guardias. Ayudó a otros a encontrar sentido a su sufrimiento. Les alentó para que mantuvieran su dignidad de hombres dentro de aquella terrible vida de los campos de exterminio.


En aquel momento de tanto desprecio por el hombre, de un desprecio como quizá no había conocido la historia, cuando una vida humana parecía no valer nada, precisamente entonces la vida de este hombre se hizo especialmente valiosa. En las más degradantes circunstancias imaginables, Frankl supo sacar partido de modo singular al privilegio humano de la autoconciencia. Y le sirvió para comprender con mayor hondura un principio fundamental de la naturaleza humana: entre el estímulo y la respuesta, el ser humano tiene la libertad interior de elegir. Una libertad que nos caracteriza como seres humanos.


Ni siquiera los animales más desarrollados tienen ese recurso: están programados por el instinto o el adiestramiento, y no pueden modificar ese programa; es más, ni siquiera tienen conciencia de que exista. En cambio, los hombres, sean cuales fueren las circunstancias en que vivamos, podemos formular nuestros propios programas, proponernos proyectos en la vida y alcanzarlos.


Podemos elevarnos por encima de nuestros instintos, de nuestros condicionamientos personales, familiares o sociales. No es que esos condicionamientos no influyan, porque sí influyen, y mucho, pero nunca llegan a eliminar nuestra libertad. Entre el estímulo y la respuesta está nuestra mayor fuerza: la libertad interior de elegir. Y son esas dotes específicamente humanas las que nos elevan por encima del mundo animal: en la medida en que las ejercitamos y desarrollamos, estamos ejercitando y desarrollando nuestro potencial humano.

ENTREVISTA A JOSEPH PEARCE SOBRE: TOLKIEN: EL HOMBRE Y EL MITO


NUEVA YORK, 19 noviembre 2001 (ZENIT.org).- El estadounidense Joseph Pearce, convertido al catolicismo, es autor del célebre libro sobre J.R.R. Tolkien, «Tolkien: el hombre y el mito» («Tolkien: Man and Myth» de la editorial Ignatius Press).

«El Señor de los Anillos» es posiblemente el libro más vendido del siglo XX. Pearce reflexiona sobre Tolkien (1892-1973) y su obra en esta entrevista.
Algunos critican las historias fantásticas del autor de Oxford, considerando que detrás tienen una orientación pagana. ¿Es este el género de Tolkien?
Tolkien habla de mitos y de cuentos de hadas más que de «fantasía». Fue un practicante toda su vida y un auténtico católico practicante que creía que la mitología tenía la función de transmitir ciertas verdades transcendentes que de otro modo son casi imposibles de decir dentro de los límites fácticos de la novela «realista».

Para comprender la «filosofía del mito» de Tolkien, es útil empezar con una máxima de G.K. Chesterton: «los hechos no vienen antes; la verdad es la primera» («not facts first, truth first»).

Tolkien y Chesterton diferenciaron claramente entre hechos, que son algo puramente físico, y la verdad, que es metafísica.

De este modo, un mito o un cuento de hadas pueden expresar amor y odio, egoísmo y autosacrificio, lealtad y traición, bien y mal... Se trata de realidades metafísicas verdaderas, aunque expresadas en un marco mitológico.

No es necesario que los cristianos se preocupen del papel de una «historia» como transmisora de verdad. Después de todo, Cristo fue el más grande narrador de historias de todos. Sus parábolas podrían no estar basadas en hechos pero no necesariamente estos hechos fueron reales.

Tome, por ejemplo, la parábola del hijo pródigo. Probablemente, Cristo no se estaba refiriendo a un hijo concreto, ni a un padre en concreto, ni a un hermano envidioso en particular. El poder de la historia no reside en el hecho de que esté basada en los hechos sino en que está llena de verdad.

No pasa nada si el hijo pródigo nunca existió como persona concreta; existe en cada uno de nosotros. Nosotros somos todos, en un momento u otro, un hijo pródigo, un padre que perdona o un hermano envidioso. Es «aplicable» a todos nosotros. Es la verdad de la historia, lo que importa, no sus hechos.

Este era el punto de vista de Tolkien. Por otra parte, hay más verdad en «El Señor de los Anillos» que en muchos ejemplos de realismo ficticio.

En años recientes, lo mágico como juegos, espectáculos de televisión, etc. han cobrado mucha popularidad entre los adolescentes. Dado el modo en que los poderes mágicos son presentados en «El Señor de los Anillos», ¿piensa que podría ser peligroso para nuestros chavales?
Hay muy poco que pueda ser denominado mágico en «El Señor de los Anillos». Hay mucho más de sobrenatural, pero sólo en el sentido de que Dios es sobrenatural, o que Satán es sobrenatural, o que el bien y el mal son sobrenaturales.

Sería más apropiado describir lo llamado mágico en «El Señor de los Anillos» como «milagroso», cuando sirve al bien y «demoníaco», cuando sirve al mal.

La Tierra Media de Tolkien, el mundo en el que encuadra «El Señor de los Anillos», está bajo el poder final del Unico Dios. Está también bajo la influencia corruptiva de Melkor, el ángel caído que es el Satán de Tolkien.

El mayor servidor de Satán, Sauron, es el Señor de las Tinieblas que es el enemigo en «El Señor de los Anillos». En otras palabras, la Comunidad del Anillo está en lucha para acabar con los siervos de Satán.

¿Cómo pueden los cristianos poner objeciones a una búsqueda cuyo propósito es frustrar los malos designios de un enemigo demoníaco? Lejos de ser una «fantasía», «El Señor de los Anillos» es un «thriller» teológico.

¿Usted piensa que esta era la intención de Tolkien?

No hay duda de que «El Señor de los Anillos» es un mito profundamente cristiano pero esto no significa que sea una alegoría.

A Tolkien no le gustaba la alegoría pues la consideraba como una forma literaria más bien tosca. En una alegoría, el escritor empieza con aquello que se propone demostrar y construye una historia para llegar a este propósito. La historia es realmente poco menos que un medio para ilustrar la moraleja.

Tolkien creía que un mito no debería ser alegórico sino que debería ser «aplicable». En otras palabras, la verdad que emerge en la historia puede ser aplicada a la verdad que emerge de la vida.

Hay, de todos modos, bastante de verdad en «El Señor de los Anillos» aunque su autor nunca se propuso intencionalmente presentar alegóricamente su obra. Es, quizás, una sutil distinción pero era algo que Tolkien creía que era importante.

¿Qué valores piensa que nos puede enseñar «El Señor de los Anillos»?

Los valores que surgen en «El Señor de los Anillos» son valores que manan del Evangelio.
En la caracterización del hobbit, el más improbable de los héroes, vemos la exaltación de la humildad. En la figura de Gandalf, vemos el arquetipo de un patriarca del Antiguo Testamento, su bastón aparentemente tenía el mismo poder que el de Moisés.

En su aparente «muerte» y «resurrección», lo vemos emerger como una figura semejante a Cristo. Su «resurrección» se convierte en su transfiguración.
Antes de entregar su vida por su amigos era Gandalf el Gris; después, se convierte en Gandalf el Blanco. Es blanqueado en la pureza de su autosacrificio y emerge más poderoso en virtud que nunca.

El personaje de Gollum es degradado por su apego al Anillo, el símbolo del pecado de orgullo. El poseedor del Anillo es poseído por su posesión y, en consecuencia, es desposeído de su alma. El portador del Anillo siempre se hace invisible a aquellos que son buenos, pero al mismo tiempo se hace más visible a los ojos del mal.

Entonces vemos que el pecador se excomulga a sí mismo de la sociedad de los buenos y entra en el mundo de Satán.
Por último, el hecho de llevar el anillo por parte de Frodo, y su heroica lucha por resistir a la tentación de sucumbir a sus poderes maléficos, es semejante al llevar la Cruz, el supremo acto de olvido de sí.

De este modo, en «El Señor de los Anillos», las fuerzas del mal son vistas como poderosas pero no omnipotentes. Se da la percepción de que la divina providencia está del lado de la Comunidad y que, al final, ésta prevalecerá contra todos los pronósticos. Como Tolkien dice sucintamente, «Sobre todas las sombras cabalga el Sol».

Muchos se quejan de la depravación de los medios de comunicación. ¿Qué podemos aprender de Tolkien para mejorar la calidad del entretenimiento?

La mayor lección de Tolkien es la naturaleza objetiva de la verdad. El mal es real; al igual que el bien.
Bondad es la real presencia de Dios; mal es su real ausencia. Tolkien no tiene tiempo para el relativismo amoral que prevalece en buena parte del entretenimiento actual.
El hecho de que el mito de Tolkien contenga más verdad que muchas obras realistas constituye una condena de la falsa imagen que presentan los medios de comunicación.

lunes, mayo 25, 2009

ANCIANO SARDOTE ARRESTADO POR ESTAR EN CONTRA DEL ABORTO

EL SIGUIENTE ES UN VIDEO QUE SE HA DIFUNDIDO EN ESTOS ÚLTIMOS DÍAS. Y ES PARA NO CREERSELO. AL PARECER, NI PARA LA IGLESIA CATÓLICA, NI PARA LOS CATÓLICOS, HAY LIBERTAD DE EXPRESIÓN. NOS PREGUNTAMOS SI ESTE ANCIANO SACERDOTE SUPONÍA UN PELIGRO PARA LA SEGURIDAD CIUDADANA.

PARA MÁS DETALLES VER EL VIDEO:

http://www.youtube.com/watch?v=iiz4tfjSuPc