jueves, febrero 17, 2011

Actualidad: LO QUE CUESTA DEJAR EL SILLÓN PRESIDENCIAL EN ÁFRICA

Constituciones retocadas, elecciones canceladas o manipuladas, represión de los partidos oponentes… todas las estrategias han sido utilizadas por parte de algunos gerontócratas africanos con el fin de eternizarse en la jefatura del Estado.

Por Fernando Rodríguez-Borlado
Fecha: 6 Febrero 2011

Incluso se ha ensayado una especie de sistema hereditario sin rey, como recientemente ha sucedido en Gabón: el ocho de junio de 2009 murió Omar Bongo Ondimba, después de casi 44 años en la jefatura del Estado. Tras el breve mandato de un gobierno provisional, en octubre de ese mismo año Ali Ben Bongo, el hijo de Bongo Ondimba, asumió el poder tras imponerse en las elecciones.

Pero la recurrencia a las sagas familiares no es un fenómeno nuevo en África: en la República Democrática del Congo y en Togo ya había ocurrido algo parecido en 2001 y 2005 respectivamente. Es el caso del propio Egipto, donde antes de que estallara el conflicto los rumores ya situaban al hijo de Mubarak –que ya presidía el partido político de su padre– en la jefatura del Estado. Hoy esta posibilidad parece haber desaparecido. Y sin embargo, cabe preguntarse qué hubiera sucedido de no haberse contagiado Egipto de las protestas iniciadas en Túnez.

En cuanto a los procedimientos, si los golpes de estado fueron la moda para acceder al poder en los años 70 y 80, para aferrarse al sillón presidencial se prefiere la manipulación de la constitución o de las elecciones. Este es precisamente uno de los objetivos de estos expertos en mantener el poder: no armar jaleo.

Es el caso de Angola. José Eduardo dos Santos es el presidente de la República desde 1979. En 1992, en un gesto de magnanimidad, decidió retocar la constitución de forma que alguien le pudiera plantar cara en las elecciones, hasta entonces bastante previsibles al haber solo un partido. Sin embargo, el resultado de la primera vuelta no debió de gustarle, así que determinó suspender la segunda. Las últimas elecciones deberían haberse celebrado en 2009, pero han sido pospuestas sine die.

El mismo 1979, un golpe militar hizo desembarcar a Teodoro Obiang en la jefatura del Estado de Guinea Ecuatorial. Desde entonces hasta ahora, ha sido reelegido en todas las elecciones. Además, modificó los mandatos constitucionales que limitaban el número de veces que podía ser reelegido. Todos los procesos electivos han sido calificados de fraudulentos por la comunidad internacional. En el último, obtuvo un sospechoso 95,8% de todos los votos. Mientras tanto, el hallazgo de importantes yacimientos de petróleo ha convertido al país en uno de los mayores productores de África. Decir que es uno de los más prósperos sería ir demasiado lejos.


Muammar Al-Gaddafi

La estrategia de Muammar Al-Gaddafi en Libia ha sido distinta, aunque no mucho más sutil: de derecho, no es jefe del Estado, ni tiene ningún título político oficial, con lo que se evita el engorro de tener que modificar la constitución. Sin embargo, su control del país como líder de la revolución sigue siendo tan efectivo como cuando llegó al poder gracias a un golpe militar en 1969. Lo que sí ha cambiado es su política exterior. De suponer una amenaza por su colaboración con el terrorismo islámico, ha ido poco a poco suavizando su mensaje para dar gusto a la diplomacia occidental. Este año ocupa un sillón en el Consejo de la ONU para los derechos humanos.

Otro que le ha cogido gusto al poder ha sido Robert Gabriel Mugabe. En 1987 llegó al poder en Zimbabue, y a sus casi 87 años continúa ganando elecciones: las últimas en 2008, en las que obtuvo un 85,5% de los votos. Como todas las anteriores, han sido calificadas de fraudulentas por los observadores internacionales. Con Mubarak en la cuerda floja, Mugabe parece condenado a perder uno de sus compañeros del insigne club de los dirigentes octogenarios: en África ya solo le acompañaría Abdoulaye Wade (83), presidente de Senegal, aunque este “solo” lleve 11 años en el poder.




Paul Biya

El presidente de Camerún también lleva camino de morir en el poder. A sus 78 años, Paul Biya acumula 29 años de mandato. Y no parece peligrar el puesto: en las últimas elecciones obtuvo más del 70% de los votos, y su partido controla 140 de los 180 escaños con que cuenta la única cámara. Por si acaso, por deseo e Biya, el presidente de la república tiene poder para alargar o acortar la legislatura según le parezca.

Otro que se las ha arreglado para ir eliminando los límites a su poder ha sido Yoweri Museveni, presidente de Uganda desde 1986. Además de acumular los cargos de presidente de la república y jefe de gobierno, en 2005 hizo modificar la constitución para que pudiera ser reelegido sin límite.

La historia de Denis Sassou Nguesso es más complicada. Al poco de que la República del Congo obtuviera la independencia, trató de adaptar el marxismo a la realidad del país congoleño. El experimento no acabó de funcionar y en 1992, en las primeras elecciones democráticas, perdió el poder. Sin embargo, la guerra civil del 97 se lo devolvió. Su política ha provocado varios conatos de guerras más adelante y actualmente se vive en una calma tensa con los rebeldes.
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IMPERIALISMO DEMOGRÁFICO ¿QUIÉN DECIDE QUIENES SOBRAN?


Desde que Thomas Malthus se equivocara, hace ya muchos años, al pronosticar que Inglaterra jamás podría soportar una población superior a diez millones de habitantes, han sido muchos los que continúan repitiendo periódicamente sus mismas y agoreras predicciones. El argumento siempre ha sido el mismo: si la población mundial continúa creciendo, el planeta camina inexorablemente hacia su ruina.



Sin embargo, si echamos una mirada a la historia, deberíamos ser comprensivos con Malthus. Hagamos un supuesto, remontándonos veinticinco o treinta siglos.

Si a los íberos que poblaban la ribera del río Manzanares antes de la llegada de los romanos, alguien les hubiera preguntado por la población máxima que podrían admitir aquellas tierras que ellos ocupaban, es muy probable que hubieran asegurado que allí no había caza para alimentar más que a unos pocos miles de personas; y que si hubiera más, se exterminaría a los elefantes y bisontes de que se alimentaban; y no habría madera para construir sus viviendas; y los pequeños campos cultivables serían insuficientes; etc.

Y si les hubieran dicho que allí, en esa zona en la que apenas había unos cuantos asentamientos dispersos a la orilla del río, tres mil años después iba a haber una ciudad de más de cuatro millones de habitantes —la actual Madrid—, lo más probable es que lo tomaran a broma. Pensarían que habría que estar loco para pensar que de aquellas tierras pudiera salir carne, frutas y cereales para alimentar a esa ingente multitud.


Y sin necesidad de remontarnos tanto, si en 1950 le hubieran preguntado a alguien qué ocurriría si se duplicara la población mundial, probablemente habría dicho que sería una tremenda catástrofe.

Sin embargo, eso es lo que ha sucedido —con creces—, y se supone que vivimos algo mejor que entonces. Es más —paradojas de la vida—, resulta que bastantes de los problemas actuales de Occidente provienen de los excedentes alimentarios, y es frecuente que se subvencione a los agricultores para que no cultiven determinadas tierras o para que disminuyan el número de cabezas de ganado.


Los pronósticos aterradores han sido moneda corriente durante los últimos cuarenta o cincuenta años. Se han vaticinado catástrofes tremendas que estaban ya a la vuelta de la esquina, si alguien no hacía algo inmediatamente para contener el amenazador boom demográfico.

Una de las más famosas predicciones fue la de los hermanos Paddock, que aseguraron que veríamos millones de muertos de hambre en los Estados Unidos. Sin embargo, sus profecías se toparon con una superproducción agraria sin precedentes.

Tampoco parece que se cumplieran los cálculos de Paul Ehrlich —cuyas tesis fueron durante años un auténtico dogma en todo el mundo—, cuando predijo que en los años setenta estallaría un conflicto a escala mundial, producido por el agobiante avance de la superpoblación, que causaría cientos de millones de muertes, provocaría guerras y violencia, y destruiría los recursos necesarios para mantener la vida sobre el planeta.

Todas esas negras predicciones han demostrado tener una fuerte carga de ciencia-ficción, pero muy poco de ciencia. Por ejemplo —como señala Robert L. Sassone—, es curioso que los veinte países con mayor escasez de alimentos sean países con poca población; o que la mayor parte del terreno potencialmente agrícola siga sin utilizarse; o que las grandes fases de desarrollo de los países hoy más industrializados hayan coincidido con fuertes crecimientos de población.

Frente a tantos progresos innegables que han acompañado al crecimiento de la población, los profetas del desastre solo pueden esgrimir hipotéticos riesgos futuros. Pero los fallos de pronósticos anteriores nos advierten de lo poco fiable de ese tipo de profecías. No se puede negar que hay bolsas de pobreza en torno a las grandes ciudades del mundo, y que hay regiones en las que se padece hambre, desnutrición, problemas de salud, mortalidad infantil, etc., pero hay que comprender que se trata de problemas complejos y que sus causas no son la simple presión demográfica.

¡AL INFIERNO LOS FUMADORES!

No estoy de acuerdo con el uso del tabaco, pero... es verdad que hay males mucho peores.

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Por Rafael Gómez Pérez

Fecha: 14 Enero 2011
De: http://www.aceprensa.com/

La ley antitabaco, que ha entrado en vigor en España el 2 de enero de este año, se ha convertido, en pocos días, en un fenómeno de opinión y de “creencias”, que permite una reflexión más amplia sobre las características de la sociedad en la que vivimos.

Hay datos evidentes y otros sobre los que no compensa debatir, porque tienen la fuerza de los hechos comprobados. Ejemplo del primero es que en España fuma el 30% de la población; ejemplo de lo segundo es que “fumar mata” como se avisa con caracteres alarmantes en todas las cajetillas.

Sobre lo primero, los no fumadores son mayoría y quizá en su nombre se articula una ley tan prohibitiva. Pero, ¿qué hay de aquello del respeto a las minorías? ¿Por qué, por ejemplo, tantos detalles con el colectivo de gays y lesbianas y tan pocos para los fumadores?

Toda la furia que se descargue contra el tabaco dará una falsa conciencia de estar entre “los buenos”

Sobre lo segundo, la idea de avisar que “fumar mata” (o, mejor, “puede matar” porque no es apodíctico al cien por cien), no es mala idea; pero se podría extender a otros casos más graves; por ejemplo, poner a la entrada de algunas clínicas: “el aborto mata”; en este caso no sería correcto “el aborto puede matar”, porque es algo inexorable: la muerte entra dentro del mismo concepto de aborto.

Hay fumadores que, en el colmo de su desesperación, razonan con el extremo: si el tabaco es tan malo, que lo prohíba el Estado. En realidad, no lo hace no solo porque dejaría de obtener más de 10.000 millones de euros en impuestos, sino porque la prohibición total solo serviría, como ocurre con la droga, para engendrar todo un mercado negro, con lo que lleva adjunto de una nueva fuente de delincuencia.

Con fervor pseudorreligioso

Pero al lado de todo esto se desarrolla un fervor quasirreligioso de muchos antifumadores que querrían arrojar a los fumadores a las tinieblas exteriores. No es de extrañar, porque es muy fácil conectar este tema con el ecologismo, también como pseudorreligión. En Occidente, al darse en amplios estratos de la población una disminución de la sensibilidad religiosa –no solo de la fe– hay un deslizamiento hacia la vivencia, a modo de religión, de ideologías o creencias, no necesariamente políticas, sino sociales o simplemente de moda o tendencia. Como una aplicación de aquella célebre observación de Chesterton: “cuando se deja de creer en Dios se puede creer en cualquier cosa”.

Como aquellos fanáticos que veían “pecado” en el menor de los gestos que a ellos les parecía sospechoso, ahora basta una hilacha de humo para que haya gente que de buena gana lapidaría a quien se ha atrevido a tanto, al grito de “¡No me hagas fumador pasivo”!

En vano los fumadores razonables (porque también los hay irrazonables) aducen que solo quieren un espacio para ellos solos, aunque se ahoguen en su propio humo; que para nada quieren meter su humor en el pulmón ajeno; que les parece exigible que no se coarte la libertad de nadie, ni de los que fuman ni de los que no fuman. Esta sociedad, que acepta fácilmente males muchos mayores (casi todos relacionados con el sexo: el aborto, también de menores de edad; la libre distribución de la “píldora del día después”; los anuncios de formas aberrantes de sexualidad en las páginas de los diarios), es de una intolerancia rayana en el fanatismo cuando se trata del tabaco.

Chivo expiatorio

El fenómeno se ha dado otras veces: por la mala conciencia de aceptar males mayores, el tabaco se convierte en el chivo expiatorio. Toda la furia, el rencor, el odio que se descargue contra el tabaco –e indirectamente contra los fumadores y las fumadoras– dará una cierta (falsa) conciencia de estar en lo justo, en la corrección, entre “los buenos”.

Como en todas las formas pseudorreligiosas, ante el ardor de los fanáticos ha surgido una minoría de disidentes, de “herejes”, que adoptan el nombre de insumisos. Como casi siempre, tienen poco que hacer, porque en contra está no solo el peso del Estado sino de una gran parte de la sociedad. La sociedad mayoritaria ha experimentado en muchas ocasiones un cierto gusto en ir contra las minorías, contra quienes “no son como nosotros”. El caso del tabaco es uno más.

LIBROS: ALMA DE LEÓN

La reciente biografía de Dietrich von Hildebrand puede sorprender a propios y a extraños. A extraños porque quizá no imaginaban que tras ese nombre, poco conocido para ellos, se ocultara una personalidad tan densa y tan fuerte. A los ya familiarizados con el personaje, porque este nuevo libro pone al descubierto un periodo de la vida del protagonista apasionante y aleccionador.

El texto posee una viveza que se explica bien por su origen. Alice, esposa de Dietrich von Hildebrand, pidió a su marido que escribiera su autobiografía, especialmente sobre la etapa de su vida que ella no conoció, desde su infancia hasta el año 1940, cuando llegó a los Estados Unidos. Con ese sabor de intimidad, Dietrich fue escribiendo este relato. El manuscrito, que alcanzaba hasta el otoño de 1937, fue completado por Alice –gracias a la documentación que había recopilado– hasta el final del año 40, y ella misma retocó la narración, seleccionando lo que le pareció esencial (el manuscrito original constaba de unos cinco mil folios). El prólogo escrito por el Card. Ratzinger atestigua la atención que merece la vida de Von Hildebrand.

Dos son los rasgos sobresalientes que esculpen la personalidad de Von Hildebrand: su especial sensibilidad para lo valioso y su inconformismo ante todo lo que a ello se le opusiera.

Respecto a lo primero, casi pueden situarse en el espacio y en el tiempo los encuentros de Von Hildebrand con el mundo de lo bello (los ambientes artísticos de Florencia y de Múnich), con el rigor y la objetividad de lo verdadero (su contacto con la fenomenología de A. Reinach y de E. Husserl en Gotinga) y con el esplendor de la bondad moral (que culmina con su conversión a la fe católica). Es interesante resaltar que en esa progresiva familiarización con lo valioso desempeñó un papel fundamental su amistad con Max Scheler. Por otra parte, algo muy peculiar de Von Hildebrand es su aguda percepción de la profunda unidad entre lo bello, lo verdadero y lo bueno; así como su hondo sentido de la amistad y del amor.

El inconformismo –el tener “alma de león”– fue otra constante de su vida. Su rebeldía ante todo relativismo y ante toda doctrina que conculcara la dignidad humana le valió el recelo de muchos –y, por cierto, no sólo en el periodo de su vida relatado en el libro– y violentas persecuciones de parte del nazismo, con peligro de su vida durante años. La narración de tales peripecias hace de este libro casi una novela de aventuras.

El estilo de vida de Dietrich von Hildebrand y su rico pensamiento (anclado en la fenomenología, al mismo tiempo que profundamente humano y equilibrado) son valiosos ejemplos para nuestro contemporáneo vivir y pensar.


Biografía de Dietrich von Hildebrand

Autora: Alice von Hildebrand
Traducción de Aurelio Ansaldo
Ediciones Palabra
Madrid 2001
347 páginas

Sergio Sánchez-Migallón.
Recensión publicada en Aceprensa.

CINE: RED (Retired Extremely Dangeorus)

De: http://www.aceprensa.com/

Un grupo de agentes de la CIA, ya jubilados, empieza a tener problemas cuando desde el Gobierno se decide eliminarlos por oscuros secretos del pasado. Basada en una novela gráfica escrita por Warren Ellis e ilustrada por Cully Hammer que se publicó en 2003-2004, la película cuenta con un reparto impresionante, en el que alegra el reencuentro con actrices excelentes como Mary Louise Parker (Tomates verdes fritos) en un papel protagonista muy divertido y Rebecca Pidgeon (El caso Winslow) dando vuelo a un personaje secundario.

Hay esmero en la factura, con unas formas de paso imaginativas, buena música, un gran trabajo de cámara en la filmación de las secuencias de acción y un montaje dinámico del oscarizado Thom Noble (Único testigo, Thelma & Louise, Fahrenheit 451). Por otra parte, se nota que a estrellas como Helen Mirren y Brian Cox, normalmente alejadas de películas de tiros y explosiones, les hace mucha gracia participar y tomarse la broma muy en serio. El anciano Ernest Borgnine, 94 años, tiene un pequeño y entrañable papel.

En línea con la reciente Noche y día, RED (Retired Extremely Dangerous) tiene un guión bastante digno, con unos malos de buen nivel y una trama conseguida que entretiene y hace reír, sin abusar de la violencia (el cómic tiene mucha más), ni de procacidades. El público ha respondido y la recaudación está cerca de los 170 millones de dólares.

Guión: John y Erich Hoeber
Intérpretes: Bruce Willis, Mary Louise Parker, John Malkovich, Helen Mirren, Morgan Freeman.
111 min.

martes, enero 04, 2011

J.R.R TOLKIEN

A CONTINUACIÓN ALGUNOS ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL DOMINICAL DE EL COMERCIO EN TORNO A LA OBRA Y FIGURA DE JRR TOLKIEN.

TOLKIEN Y SU UNIVERSO

El inicio. Recuerdos y fantasía se mezclan en “El señor de los anillos”, cuyo origen remoto fueron los idiomas que inventaba un niño huérfano para recordar a su madre.

Por: Camilo Torres

El Dominical, Domingo 2 de Enero del 2011
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El personaje más importante en la vida de Ronald (así lo llamaban en casa) fue, sin duda, su madre, Mabel Suffield. De ella recibió sus primeras clases de latín y la revelación de las lenguas extranjeras; el catolicismo, que fue fundamento de su obra; y la devoción por la botánica y la vida campestre, que lo llevó a abominar de la tecnología. Cuando ella murió en 1904, a los 34 años, el futuro escritor tenía 12 y ya hacía mucho que había muerto también su padre. Desde entonces la idealizó en una dimensión religiosa. La consideraba una “mártir”, pues haberse convertido al catolicismo hizo que su familia protestante la repudiara y quedara en la pobreza. Más tarde, en una carta a un amigo sacerdote, Tolkien confesará que la figura de Galadriel está inspirada en la Virgen María.

Mabel Tolkien



Edith Bratt


Ese tipo de fijación suele avenirse con devociones parecidas en el plano amoroso. Cuando Ronald conoció a Edith Bratt, él tenía 16 años y ella 19. Del deslumbramiento que vivieron ambos surgió la historia de Beren y Lúthien, que figura en “El Silmarillion”. Como su apoderado le prohibió verla, él esperó a cumplir los veintiún años para pedirle matrimonio. Protestante, ella fue presionada por su joven novio a cambiar de confesión y, al igual que Mabel, sufrió el ostracismo de su familia.


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Tolkien y Lewis

Sí sería un abuso de interpretación, en cambio, sospechar una atracción gay entre el autor de “El señor de los anillos” y el de “Las crónicas de Narnia”. C.S. Lewis se ganó el respeto de Tolkien, ambos profesores de Oxford, por su talento literario, y mereció su cariño cuando se hizo cristiano, y su desilusión cuando eligió el protestantismo. Nada en su amistad alienta las lecturas inquisitoriales de algunos.


Otro tema de discusión que impacientaba a Tolkien es la interpretación de su novela como alegoría de la Segunda Guerra Mundial. Tuvo que escribir un prólogo donde recordaba a su público que antes hubo una primera y que a él le tocó vivir esa experiencia atroz en campos de batalla, donde casi todos sus amigos, salvo uno, fueron exterminados.

Ecologista

Resulta irónico que un novelista conservador y anticomunista haya tenido su público más ferviente entre los muchachos rebeldes de los sesenta y setenta. “Dust in the Wind”, la canción del grupo Kansas, quizá tomó su título de la descripción de la ruina de Mordor, donde aparecen esas palabras, y los hippies se sintieron identificados con el fuerte aliento ecologista que atraviesa la epopeya y hace del mundo vegetal, no un simple escenario, sino un participante activo. Esto nos puede llevar a responder, parcialmente, la pregunta sobre qué habría dicho el novelista del filme de Jackson. A Tolkien la tecnología le daba náuseas. Uno de sus peores recuerdos era la destrucción de unos árboles del pueblo donde vivía por obra de maquinaria industrial. En vez de auto usaba bicicleta.




Sus lectores recordarán la lentitud con que se desarrolla la historia, sobre todo en el primer volumen, y el asombroso detalle en la descripción de la naturaleza, la cual parece imponer un ritmo lento al relato. Compárese ese ritmo narrativo con la velocidad y los efectos especiales de la cinta y se tendrá una idea de las diferencias estéticas. Como vimos al inicio, la observación de las plantas fue una de las herencias de Mabel. Otra fue el estudio de lenguas muertas. En la orfandad, el niño Ronald se refugia en la fantasía lingüística y llega a inventar dos idiomas; su deseo de imaginar la historia de esas lenguas, su evolución y variedad es el origen de la historia de la Tierra Media. Tolkien fue un artista, como lo prueba su amor por el lenguaje, y por eso, por defender la poesía, tuvo feos desencuentros con los académicos de Oxford, pésimos lectores de las epopeyas medievales. De allí la importancia del ensayo “Los monstruos y sus críticos”, donde el escritor enseña a leer poemas épicos y justifica a sus pobres monstruos, a quienes los profesores ignorantes acusaban de “infantiles”. No extraña, pues, que la academia lo haya querido desaparecer: la “Historia de la Literatura Universal” de Oveja Negra dedica dos capítulos a las letras inglesas del siglo XX, en ninguno de ellos figura el nombre de John Ronald Reuel Tolkien.



LOS ANILLOS DEL SEÑOR JACKSON

De la letra a la imagen.

Entre el 2001 y el 2003, se estrenaron las tres películas dirigidas por Peter Jackson basadas en la trilogía clásica de Tolkien. Gracias a esta saga cinematográfica, la obra de aquella Tierra Media imaginada por el escritor británico de origen sudafricano obtuvo una popularidad aún mayor.


Por: José Carlos Cabrejo*
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El Dominical, domingo 2 de Enero del 2011
 
Blubberhead. La historia sobre una ciudad medieval alborotada por gnomos, enanos y dragones Esa es la película que allá por los noventa, el cineasta neozelandés Peter Jackson soñaba realizar. Quién sabe si algún día lo logrará. Tal vez sea un proyecto que ya ni le importe. Ni a él ni a nadie. Sobre todo porque, a cambio, le dieron la oportunidad de dirigir, entre los años 1999 y 2000, la adaptación de un mundo muy similar pero universalmente reconocido: la trilogía clásica de J.R. Tolkien.


La saga de Jackson, conformada por “La comunidad del anillo”, “Las dos torres” y “El retorno del rey”, ha recaudado aproximadamente 3.000 millones de dólares alrededor del mundo. Las tres cintas se ubican en el top 20 de las películas más taquilleras de la historia. Asimismo, obtuvieron 17 Oscars, de los cuales 11 fueron ganados por la tercera parte de la saga, lo que la convierte, junto con “Ben-Hur” y “Titanic”, en el filme que más premios de la Academia ha obtenido hasta la fecha.

Fórmula mágica

Cierto. La exitosa fórmula de la trilogía de Jackson es la misma que tuvo la saga original de “La guerra de las galaxias” de George Lucas entre los años setenta y los ochenta: explotar al máximo los avances tecnológicos en cuanto a efectos especiales para contar una historia tejida con esos valores míticos y ancestrales que encandilan al ser humano por siglos. Al igual que La Biblia y relatos orales de larga data, “La guerra de las galaxias” y “El señor de los anillos” muestran la oposición de mundos de luz y sombra, la lucha entre el bien y el mal, la tentación del poder, seres dispuestos a sacrificar la vida por su prójimo.


De cualquier forma, la saga muestra otra dimensión del talento de Jackson, ya reconocido en cintas de humor delirante y escatológico como “Braindead” (1992), en esa cruda película de adolescentes que deambulan entre la fantasía y el crimen llamada “Criaturas celestiales” (1994) o en un filme posterior y entrañable como “King Kong” (2005).



Caballeros y orcos

La saga del neozelandés plasma fabulosas secuencia de batalla, con encuadres abiertos, de agitación aérea, que descienden con temblor hacia la confrontación de caballeros y orcos, delineándola con una mirada visceral, apocalíptica, de estruendo. Además, la saga cinematográfica representa imágenes nocturnas de bosques y pantanos con una rara belleza. Son imágenes de una tenebrosa exuberancia, que brotan como una visión poética, lúgubre y encantada, inquietante y surreal. Los personajes pueden ser maniqueos, pero están diseñados, a través de sus diálogos, sus gestos, su andar, con un carisma romántico. De toda esa galería de héroes y villanos que recorre la saga, el Gollum, esa criatura enjuta, de complexión casi cadavérica, de testa exagerada, de ojos pérfidos y a la vez miedosos, que aparentan sumisión pero respiran codicia, se convirtió en uno de los personajes cinematográficos más populares de la década que acaba de pasar.




Más allá de uno u otro defecto, como la dilatación excesiva de algunas secuencias (como por ejemplo el epílogo de “El retorno del rey”), la saga cinematográfica de “El señor de los anillos” es una muestra de que el cine taquillero y de gran presupuesto no necesariamente se divorcia de una sensibilidad auténtica y personal.


El Hobbit al cine

El estreno de la primera parte de la versión cinematográfica de “El hobbit”, proyecto que se encuentra todavía en etapa de pre-producción, está programado para diciembre del 2012. Guillermo del Toro, quien dirigiera “El laberinto del Fauno”, participó con Jackson en la realización del guión de dicha adaptación e iba a ser además el realizador. Por razones de tiempo, el cineasta mexicano no podrá dirigir la película, razón por la cual el cargo de director será tomado por el propio Jackson, quien además funge de productor ejecutivo. Cate Blanchett, Ian McKellen y Andy Serkis (quien interpretara al Gollum) están confirmados en el reparto.


[*] Catedrático de la Universidad de Lima.


WAGNER Y LA TIERRA MEDIA

El anillo del nibelungo. Esta tetralogía operática compuesta por el genial músico alemán Richard Wagner alimentó la imaginación de J.R.R. Tolkien.


El Dominical, domingo 2 de Enero del 2011



Cuatro óperas épicas: “El oro del Rin” (prólogo), “La Valquiria”, “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”, son la puesta en práctica de las teorías que Richard Wagner (1813-1883) expuso en su ensayo “Ópera y drama” (1851), donde desarrolla la idea de la corrupción de las óperas alemanas de su época. La monumental propuesta musical requirió la construcción de 12 escenarios y escenografías con bosques, montañas, caballos voladores, gigantes, animales y un dragón; y además la participación de 120 músicos y 30 cantantes para quince horas de representación. Para Wagner significaron 26 años de trabajo entre 1848 y 1874, que revolucionaron la ópera y la música. La influencia de “El anillo del nibelungo” está vigente en bandas sonoras del cine contemporáneo (“Pelotón”, quizá sea la más icónica en este sentido). El buen cine sigue retomando la idea wagneriana del leitmotiv –motivo melódico que se repite, tanto en la propia estructura cinematográfica cuanto vinculándola a cada personaje.




Wagner se inspiró en los poemas épicos germánicos y en la mitología nórdica para su más grande obra que, a decir de los conocedores, fue una de las fuentes de inspiración de Tolkien. La obra es un reto artístico y técnico y se dice que sus personajes e historia dieron luces a Tolkien para crear su propio mundo fantástico (un ejemplo: el fabuloso y maldito anillo Andvaranaut de la ópera wagnerianainspira el Anillo Único, de “El señor de los anillos”). Es sabido, además, que cuando J.R.R. Tolkien y el irlandés C.S. Lewis (creador de la heptalogía siete entregas de “Las crónicas de Narnia”) trabaron amistad en 1926, en Oxford, integraron el club “Coalbiter”, donde compartieron su interés por la poesía épica nórdica, el cual los llevó a crear una pequeña sociedad literaria llamada “Inklings”. Las referencias wagnerianas, nórdicas y católicas de Tolkien están presente en su obra literaria.

FABULADOR DE MÁGICAS GUERRAS

J.R.R. Tolkien. Escritor y soldado.

El Dominical, 2 de enero de 2011

Mientras J.R.R. Tolkien se comprometía con Edith Bratt, el archiduque Francisco Fernando de Austria era asesinado y comenzaba así la Primera Guerra Mundial. Dos años después, el autor de “El hobbit”, “Hojas de Niggel” y “El libro de los cuentos perdidos” fue enviado a Francia como soldado y en este espacio de conflictos, penas y enfermedades Tolkien aprendió el arte adverso de la guerra y la supervivencia. Fue testigo del exterminio de miles de personas pero la guerra no pudo acabar con su pasión por la escritura. En las trincheras Tolkien sobrevivió escribiendo los bocetos de lo que en el futuro sería la historia de “El Silmarillion” y los enormes tanques blindados inspirarían la fantástica arquitectura de los dragones de Melkor en la batalla de Beleriand. “Cartas de Papa Noel” tampoco escapa a la mención bélica. Aún convaleciente por la fiebre de trincheras, escribió el primer relato del “Libro de los cuentos perdidos”.





Su más grande creación “El señor de los anillos” –escrita durante la Segunda Guerra Mundial, pero inspirada en la primera– en la que conviven nuevas razas de guerreros, batallas épicas y conflictos, es la consolidación del heroísmo y sufrimiento de un soldado que supo reflejar a través de las letras la historia más fantástica de la guerra.