sábado, abril 18, 2009

LIBERTAD Y FE: ¿SE COLOCAN EN EL MISMO PLANO DE LIBERTAD EL CREER Y EL NO CREER? (II parte)

Por Sofía Carrasco Balmaceda (colaboradora)
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Si Dios invita a todos y da a cada uno lo que necesita en cada momento para creer, es lógico preguntarse ¿por qué no todos creen? La respuesta sólo la puede dar la libertad. El modo de percibir los signos o sucesos en la vida de cada persona depende del uso que cada uno le dé a su libertad[1]. ¿Cómo se da esa intervención?, según se explica en "Revelación, fe y credibilidad" esa intervención tiene como tres momentos:

a. En el modo de experimentar en sí los signos: donde juegan un papel muy importante las disposiciones interiores de la persona. Experimentar los signos está al alcance de todos los hombres sin excepción. Cuando lo que se experimenta es algo relacionado con Dios, se requiere por parte de la persona una sensibilidad mayor, pues se trata de experiencias de orden espiritual. Quien conoce, quien vive la experiencia, es la persona completa. Su percepción será más o menos profunda dependiendo de sus disposiciones interiores. Obviamente a una persona que está acostumbrada a vivir hacia afuera, que se mueve principalmente por impulsos sensibles, le será muy difícil relacionar las cosas que vive con Dios, porque "no sabe vivir para adentro". Ciertamente es posible cambiar las disposiciones personales y Dios se sirve de muchas cosas para hacerlo, pero no cabe duda de que el hombre por su parte debe disponerse desarrollando en él unas disposiciones, por ejemplo virtudes, que le faciliten captar la acción de Dios en la historia y en su propia vida personal.

b. La libertad también juega una papel importante en la asimilación personal y progresiva de los signos. Quien comunica un signo (en este caso Dios) quiere comunicar algo, tiene un fin; y quien recibe el signo (el hombre) debe tener la disposición de aceptarlo y querer llegar a la intención del comunicador. En ambos —comunicador y receptor— debe darse una apertura. En el proceso de asimilación del significado del signo se pone en juego la libertad de la persona, que ha de mantener y desarrollar en ella las condiciones interiores que le faciliten entender el diálogo divino. La persona debe ir adecuando su propio código al código divino, si esta adecuación es constante, irá madurando en ella su capacidad de comprender a Dios y será capaz de reconocerle en sus signos, en su vida ordinaria[2].

c. Finalmente es tarea también de la libertad ir integrando los signos con otros elementos espirituales. Los sucesos que el hombre va experimentando en su propia vida o en la de quienes tiene cerca, en la historia, no permanecen aislados. Todas esas experiencias se relacionan dentro de la persona de modo que facilitan la compresión de las distintas experiencias espirituales. Así, los signos y las experiencias espirituales de la persona en la medida que se relacionan, pueden ayudarle entender —sin agotarlo— el misterio y así dar el paso de creer.

"...la fe cristiana se autopresenta como una comprensión de la realidad última y omnicomprehensiva. La argumentación acumulativa, desde esta perspectiva, trata de justificar esa pretensión, ofreciendo al interlocutor muchos motivos y muy variados, pero convergentes, de sus distintas —pero concretadas— explicaciones y decisiones de la realidad y de la existencia humana"[3].

Esa función acumulativa se da a varios niveles: hermenéutico, psicológico y racional[4]. Como ya se ha dicho la convergencia acumulativa no da un conocimiento acabado del misterio. De alguna manera da a la persona una experiencia mediata e indirecta de la realidad trascendente y misteriosa. Esta etapa requiere la intervención de la libertad porque lo que se presenta a la inteligencia no es plenamente evidente y por tanto necesita de la aquiescencia de la voluntad para ser considerado como verdadero.
De lo expuesto en las líneas anteriores se puede entrever que la credibilidad puede ir creciendo, si el hombre se va disponiendo adecuadamente y que este crecimiento depende además de la libertad. Crecer en credibilidad supone al mismo tiempo un progreso en la fe, implica mejorar el propio conocimiento de Dios; fe y credibilidad crecen juntas en la persona.

Queda claro pues, que "el acto de fe es un acto interior de respuesta a la revelación histórica de Dios en el que concurren inteligencia y voluntad, gracia y libertad"[5]. Resumiendo, se puede decir finalmente que el creer depende en última instancia de la libertad personal, ya que el otro componente necesario es la gracia que por parte de Dios no falta. Así, es la libertad quien:[6]


— Da el asentimiento al misterio: le compete a ella adherirse o no a la Palabra acogiendo la gracia de la fe que es don de Dios.
— Es ella la que reconoce a Dios en los signos de la fe.
— Y es tarea de la libertad el dejarse guiar y educar por los testimonios sobre la Palabra que nos ofrecen quienes están a nuestro alrededor


No puede perderse de vista que aunque hablamos de la libertad, en realidad estamos hablando de la persona entera, pues no existe la libertad en abstracto, sino personas libres. Por tanto podría decirse que creer o no creer depende de la persona libre. Es la persona quien libremente se va disponiendo interiormente para entender los signos que Dios le va facilitando y mediante la asimilación de esos signos se va poniendo en condiciones de entender el Signo que explica a todos los demás que es Cristo.

[1] Cfr. Ibidem pp. 576-587.
[2] Cfr. Ibidem p. 584.
[3] H.J. POTTMEYER, Segni e criteri della credibilità del cristianesimo, cit., pp.470-471.
[4] Cfr. OCÁRIZ, F., BLANCO, A.,"Revelación, fe y credibilidad",Ediciones Palabra, S.A., Madrid 1998, p. 586.
[5] Ibidem 593-594.
[6] Cfr. Ibidem p. 599.

jueves, marzo 12, 2009

MÚSICA: Enya en el concierto del Vaticano

Esto sucedió hace unos añitos en el aula Pablo VI del Vaticano.
Interpreta "Anywhere is".

LA SINFONÍA DE "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS"

En la obra literaria de Tolkien -seamos o no fans de la Tierra Media- descubrimos a un genio.

En la obra cinematográfica basada en la novela, descubrimos a tres: Tolkien, Peter Jackson y Howard Shore.

Aquí unas muestras de la obra del músico compositor para la trilogía más premiada de la historia.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: The Breaking of the Fellow

Los temores de Frodo frente a un camino que ahora debía recorrer solo.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: The Black Riders

Coro multitudinario, sencillamente impresionante.

El SEÑOR DE LOS ANILLOS: Tema de Rohan

Laureles para los valientes rohirrin.

MÚSICA: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: The shire

Evocación de los héroes por excelencia de la obra de Tolkien: los hobits

MÚSICA: SINFÓNICA DEL SEÑOR DE LOS ANILLOS EN ESTOCOLMO 2007

No es Anie Lenox pero la voz es bastante parecida.

MÚSICA: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: The Grey Havens

Para finalizar esta nostálgica melodía.

BONO: COMPROMETIDO CON LA MÚSICA Y LOS PAÍSES TERCERMUNDISTAS

Irlandés de nacionalidad, Paul David Hewson, conocido en el mundo artístico como Bono (apodo que viene de Bona Vox, marca y tienda de instrumentos de ayuda auditiva por la que pasaba con frecuencia durante su adolescencia) nació en Dublín el 10 de Mayo de 1960.

Integrante de la banda de rock irlandesa U2 y activista político especialmente comprometido con la causa humanitaria en África y a favor de la cancelación de deuda externa de los países tercer mundo, labor reconocida entre otros por sus nominaciones consecutivas al Premio Nobel de la Paz en 2005 y 2006.



Creyente, de madre protestante y padre católico, está casado desde agosto de 1982 con Alison 'Ali' Stewart, su novia desde 1976, y tiene cuatro hijos. Reside en Dalkey (sur de Dublín) con su familia.

Los lentes Fly de Juan Pablo II
Pese a algunas diferencias con la doctrina católica, Bono ha sido ferviente admirador de Juan Pablo II. Una anécdota simpática sucedió en 1999 cuando asistió a una audiencia con el pontífice:

"Yo no esperaba estar tan conmovido por el Pontífice. Vi a un frágil, santo hombre decidido a vencer su edad, a la gravedad…, de hecho, a cualquier obstáculo. El misal que leyó fue incendiario, el tipo de cosas por las que te dispararían si fueras un sacerdote en América Latina en los años 80".

"....Cuando fuimos presentados por el Obispo Diarmuid, me quité mis gafas e hice un pequeño discurso acerca de cómo, además de ser un gran hombre santo, él es un gran showman y le ofrecí mis gafas de The Fly y un libro especial de poesía de Seamus Heaney. La habitación se quedo sin respiración cuando el sucesor de San Pedro se probó las gafas con una sonrisa de The Fly".


El Papa, como era de esperarse, le regalo a Bono un Rosario.