lunes, enero 12, 2009

PINTURA: EL LADO HUMANO DE BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

Mundialmente famoso por sus extraordinarias obras de arte, la mayoría de sentido religioso, Esteban Murillo uno de los mayores representantes del barroco español, nos ha dejado un valioso legado de genialidad artística y de una personalidad profundamente humana.


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El dogma de la Inmaculada Concepción se proclamó el 8 de diciembre, de 1854. Sin embargo un hombre se anticipó a los tiempos honrándola con ese nombre dos siglos antes: Bartolomé Esteban Murillo (conocido mundialmente como Murillo -segundo apellido de su madre- aunque su primer apellido es Esteban).

Su madre quería que fuese sacerdote pero el joven mostraba una determinante vocación artística. Siendo ya discípulo del pintor Juan del Castillo consoló a su madre prometiéndole: "pintaré a la Santísima Virgen María como nunca ha sido pintada". La promesa fue cumplida con creces: fueron cientos los cuadros en los que representa la Santísima Virgen, veinticinco de ellos bajo el título de la Inmaculada Concepción (a mi pobre juicio, de los más hermosos que se han visto en la historia).


Sus padres fallecen tempranamente y la vida se vuelve más dura para los hermanos. Pronto se hace cargo de su hermana, pintando y vendiendo por pocas monedas sus creaciones, todavía poco pulidas.

La mayoría de sus temas hacen referencia a la vida cotidiana: madres con sus hijos, niños, profesionales, gitanillos...era un pintor de la calle, lleno de humanidad y de sencillez. Su talento pronto fue apreciado por uno de los grandes, Velazquez, pintor oficial del rey, quien le ofrece ser su maestro.

Recibe el apoyo de su tío Juan, quien se hace cargo de su hermana. Es entonces donde se presenta una oportunidad de lujo: el pintor maestro muestra al rey el trabajo del discípulo y el monarca le ofrece enviarlo a continuar sus estudios a Roma. En esas circunstancias fallece su tío y el joven artista se ve en la disyuntiva de escoger entre ir en pos de su más ansiado sueño o quedarse a cuidar de su hermana. Su nobleza le hace renunciar a sus aspiraciones, pero el destino le tenía deparado éxistos insospechados.

Su hermana llegó a casarse con un hombre adinerado y él, sin imaginarlo siquiera, terminó casándose con una rica heredera, a quien, sin saber quién era, le pidió si quería posar como ángel para un cuadro en la iglesia de san Gerónimo en Pilas. Se trataba de Beatriz Isabel y Cabreyro Sotomayo. Ella fue su modelo para posteriores cuadros de la Virgen.

Nuestro artista fallece el 3 de abril de 1682 mientras pintaba en el convento de los Capuchinos de Cádiz, después de haber ganado una fama y un respeto que van más allá de la admiración artística.

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